Cementerio de Luarca, alto y marinero. (1)
Lugar de viento y belleza. Lo recorrí en junio y os lo cuento en 42 fotografías, un poema en prosa y un poco de historia, repartidos en tres entregas.
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"Llegará
la noche, las olas se volverán roncas y las gaviotas buscarán sus dormideros
evitando cuidadosamente las tumbas, por demasiado blancas, demasiado limpias,
demasiado frías.
Seguirá
el trasiego del puerto y de la carretera, el mar necesario y los puntos-guía para vivos
y muertos: el sol, el faro, la cruz, la campana. Secreta y mudable, la luna.
Más
allá, nada. Más allá, bosque y niebla".
1. Camino a la Atalaya, promontorio donde
se encuentran cementerio, faro y capilla.
2.La
base del promontorio.
3 y 4. Ya en
el cementerio.
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Esta curiosidad por los cementerios me da la sensación de que poco tiene que ver con los muertos. O si, al fin y al cabo acabaremos como ellos. Muertos. Más bien tiene que ver con la arquitectura y decoración de las tumbas y la adtmosfera creada. Interesante. Pero permíteme que tarde en estar en uno de ellos.
ResponderEliminarMi afición a fotografiar cementerios nace de la curiosidad y de la atracción morbosa que produce la muerte, en el sentido de cómo la entiende cada pueblo, cada persona y cómo cambia a medida que cambia la época. Yo tampoco tengo ninguna prisa en llegar.
EliminarHola Josefina: Tengo una especial fascinación por la muerte, a menudo recrea mis narraciones. Tal vez porque no la veo cerca, pero si te diré que cuando la parca cruzó mi puerta se hizo más mucho más evidente mi deseo de vida. Puede que los cementerios estén tan bellamente decorados porque reflejen esa fascinación por la no vida.
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